Hay colecciones que nacen de una tendencia, de un color o de una silueta.
Y hay otras que nacen del alma. “LOS AZULEJOS” nació así: como un pequeño homenaje azul a la vida, al amor y a la biodiversidad colombiana.
Desde que fui parte del proceso creativo de la COP16 en Cali, empecé a mirar la naturaleza con otros ojos. Cali me reveló algo profundamente poderoso: entendí que su biodiversidad no es solamente un paisaje, sino una manera de respirar el mundo.Una ciudad abrazada por los Farallones, atravesada por siete ríos y habitada por una energía natural casi sagrada.
Mientras más aprendía sobre las aves, los ecosistemas y la inmensa riqueza natural de esta tierra, más sentía la necesidad de traducir toda esa emoción en una colección. Y entre todos los seres maravillosos que descubrí, hubo uno que capturó mi corazón de manera especial: el azulejo.
En los amaneceres tibios del trópico colombiano, cuando la luz apenas toca las hojas y despierta el canto del día, aparece una chispa azul cruzando el aire.Pequeño, luminoso y libre, el azulejo parece llevar en sus alas todos los tonos del cielo: azules eléctricos, celestes suaves, grises de lluvia y destellos turquesa.
Pero lo que más me conmovió no fue solamente su belleza. Fue su forma de amar.
Los azulejos viven en pareja y forman vínculos profundamente fieles. Son aves monógamas y, muchas veces, permanecen unidas toda la vida. Construyen juntos sus nidos, cuidan juntos a sus crías y vuelan siempre en compañía. En ellos entendí que el amor no es solamente deseo: también es lealtad, memoria y permanencia.
Entonces quise crear una colección que hablara precisamente de eso. Del amor que permanece incluso cuando el mundo cambia.De los vínculos que sostienen. De la belleza silenciosa de cuidar al otro.
Los Azulejos, se convirtió así en una oda al vuelo compartido, a la delicadeza y a la esperanza.
Cada prenda nació inspirada en el movimiento de sus alas, en la suavidad de su canto y en la poesía de sus colores. Los tejidos evocan la construcción artesanal de sus nidos; los bordados recuerdan plumas, ramas y fibras entrelazadas; las siluetas buscan ligereza, movimiento y libertad.
Porque los azulejos también me hicieron pensar profundamente en el oficio artesanal colombiano.
Sus nidos —tejidos con raíces, hojas secas y fibras— son pequeñas arquitecturas hechas con paciencia y amor. Y en ellos encontré un reflejo hermoso de las manos artesanas de nuestro país: manos que tejen memoria, identidad y belleza.
Por eso esta colección también es un homenaje al oficio hecho a mano, a los bordados, a los tejidos y a todas las técnicas que sostienen nuestra historia cultural.
La paleta cromática nace directamente de su plumaje y del paisaje caleño:azules profundos como los cielos tropicales, celestes luminosos, grises suaves de lluvia y reflejos metálicos atravesados por destellos amarillos como la luz del sol sobre las alas.
Todo el universo visual de “LOS AZULEJOS” habita entre el cielo y la tierra.Entre el vuelo y el hogar.Entre la libertad y el amor.
Hay algo profundamente poético en estas aves. Su canto es breve, suave y melodioso, como una conversación íntima entre dos almas. Su vuelo tiene una energía alegre, ligera, celebratoria. Parecen recordarnos que la verdadera belleza muchas veces vive en lo sencillo: en un árbol, en una mañana azul, en la compañía correcta.
Mientras construía esta colección también recordé un texto profundamente conmovedor de Anita Calero, donde habla de dos azulejos encontrados sin vida después de haber sido atropellados. Ella los sostuvo entre sus manos, unió sus alas y entendió en ese instante que incluso la muerte no había logrado separarlos. Esa imagen quedó grabada en mí como una metáfora dolorosa y hermosa del amor eterno.
Y quizás eso es finalmente “LOS AZULEJOS”: una colección sobre todo aquello que vale la pena cuidar.
El amor.La naturaleza. La memoria. La lealtad. La belleza de lo artesanal. La posibilidad de seguir creyendo en la ternura en medio de un mundo acelerado.
“LOS AZULEJOS” no es solamente moda. Es un poema azul en movimiento. Un canto a Colombia, a su biodiversidad y a las criaturas pequeñas que nos recuerdan que todavía existen amores que no se apagan… solo cambian de cielo.
Ilustración Azulejos: STEVEN CORGO



