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Un amanecer lleno de esperanza

articulo colecciones diego guarnizo diseñador de modas colombiano

No puedo negar que en estas épocas pandémicas, la desesperanza, la tristeza y la pérdida de norte me han invadido.

Además el admitir que la vulnerabilidad de mi vida es tan grande, tan frágil y tan efímera, entendiendo que en tan solo un segundo todo puede acabarse, morirse, destruirse sin importar género, edad, raza, sentimiento, sin importar humanidad.

Una lección que ahora, a la fuerza, debemos recibir y aprender.

Y cómo ha dolido ésta enseñanza.

Algunas veces solía decir que la vida me había dado lecciones duras con caídas dolorosas, tan parecidas a esas heridas en las rodillas cuando caemos en caminos de piedras pequeñas, talladoras y sangrientas.

Al levantarme lloroso y continuar el andar inseguro, estas heridas me recordaban el poder que tenía y me daban la fuerza para seguir adelante, a través de los valores y las metas que me habían enseñado y que yo mismo me había propuesto.

Pero nada comparable a esta nueva reinvención obligada por el confinamiento, el encierro y el cuidado extremo que me responsabiliza no solo a mi propio cuidado sino al cuidado de los que me rodean.

Esas personas que adoro con el alma, a mi familia, a mi origen, a la protección del vecino, del barrio, de la ciudad, de la vida en todas sus manifestaciones.

Concluyo que todos vivimos vidas en mundos diferentes, que el egoísmo nos invade y que la tranquilidad solo la podremos encontrar si todos vivimos en un solo mundo.

Un nuevo mundo, ese mundo creado por todos en equipo, consientes, generosos y valerosos.

Y en este punto es donde empieza mi proceso de diseño, mi aporte a la creación del nuevo mundo, ese que la vida nos permite reconsiderar habiendo aprendido la lección de la conciencia.

Recurro a mis mejores recuerdos, a las manos solidarias, a mi origen y allí encuentro respuestas, alegrías, risas, historias, aromas, amores, paisajes, colores, amigos, viajes, abrazos que superan cualquier pandemia.

Eso se llama historia y es por ello que he creado tres momentos que inspirarán mi camino creativo este año, los cuales quiero compartir contigo, así que acompáñame.

1. TODOS LOS MUNDOS EN UN MUNDO

La Epifanía de mis creaciones nació en el 2019 y en esa realidad terminé parado frente a la revelación infinita en la serranía de Chiribiquete, en el corazón de la Amazonía colombiana.

La maloka de los hombres jaguar me ha hecho entender que mis procesos creativos tienen un contenido que sale de la razón y el corazón al tiempo.

Un análisis difícil de entender, un sentimiento que solo se asimila cuando vemos con claridad el mensaje de que nuestro pensamiento, así como nuestro cuerpo es heredado, trasciende del universo, del ancestro, de nuestros antepasados.

Las más de 200.000 pictografías rupestres que fueron descubiertas por el antropólogo y arqueólogo colombiano Carlos Castaño Uribe en 1986 nos revelan, nos hablan y dicho en las palabras de Carlos, para mejor comprensión:

“Quizás sea este el momento para clamar también por nuestra historia, por nuestro centro de origen, por nuestra identidad desvirtuada, por la ancestralidad, por los sitios sagrados violentados, por los significados y las respuestas no construidas.

Y quizás, en medio de todo, sea el propio Chiribiquete, como centro de pensamiento espiritual, el que nos pueda iluminar a encontrar nuestra nueva maloka.

Él mismo clamará por una decidida protección de su entorno, y sobre todo, de nosotros”.

Oportuna reflexión para dar paso a la continuidad inspiradora de mi oficio, una colección que plasma cada uno de estos sentimientos.

Reunir todos los mundos en un mundo, todas las culturas, las artesanías colombianas, las manos maestras, las canciones, los amores y los pensamientos de comunidades tan poderosas como la Kamentsa en el Putumayo, los Misak de Silvia Cauca, los Wayuu de Uribia Guajira, la nobleza de los pueblos artesanales de Guacamayas y Tenza en Boyacá, de la Chamba en Guamo-Tolima, de Cartago en el Valle y las manos desplazadas de sus tierras asentadas en Bogotá.

Todos unidos honraremos y miraremos hacia la serranía de Chiribiquete en el Guaviare exaltando su legado y propagándolo en todas las formas y pensamientos, ahora en nuestro nuevo renacer.

2. LIBERTAD

Hace un largo tiempo conocí a Catalina García, la famosa Madame Periné cantante del grupo musical colombiano Monsieur Periné y desde el primer momento que la vi y mucho antes cuando por primera vez la oí, entendí el poderoso valor que ella tiene.

Catalina, con sus letras, con su música, con sus canciones, con su belleza, está empeñada en cambiar y proteger el mundo, antes que cantante es antropóloga.

Todo ello hizo que cuando nos viéramos por primera vez, en un pacto íntimo y muy personal nos juráramos amor eterno.

Ese amor que trasciende épocas, que traspasa pensamientos heredados ancestrales, que cuando los compartimos resaltan la vida.

Comulgo con ella todas sus acciones, yo le alcahueteo todas sus acertadas ideas tanto y más como lo hace ella con las mías.

Construimos sin pretender, sin darnos cuenta.

Catalina me inspiró para crear la primera colección que diseñé a nombre propio, Epifanía, fue ella quien me acompañó en ese viaje creativo que terminó al frente de la sierra de Chiribiquete.

Allí ella alzó vuelo con sus alas de papagayo las cuales ha anidado en todos sus conciertos, la famosa manta ha recorrido el planeta consigo y en cada uno de sus discursos de libertad ella abre sus alas para empoderar a todas las mujeres que la escuchan.

La Madame sabe que tiene poder, ese poder que solo la libertad le enseña, tiene protección, esa protección que la artesanía y las manos de las mujeres indígenas le ofrecen con todo lo que le diseño, ella lo luce y enaltece.

Fue así que quise también inspirarme en Catalina, para diseñar ¡Libertad! Y volver a alzar vuelo, a un mundo paralelo, a un mundo básico y simple.

Esta vez en compañía de su espíritu femenino junto a millones de golondrinas que llevarán un mensaje a las mujeres para concientizarlas de que por nada en el mundo pueden permitir ser violentadas.

A pesar de la vulnerabilidad generada en estos momentos de confinamiento a causa de la cuarentena obligada por la pandemia, la violencia de género no puede ser permitida bajo ninguna circunstancia.

Cada golondrina dejará una pluma en cada uno de su corazones para recordarles a todas ellas el valor que tienen y la libertad que se merecen.

Y por si fuera poco, las golondrinas tienen un ejército de montañas llenas de dientes de león, las flores sanadoras que a pesar de que muchos las consideran maleza, se encargan de salvar, recorrer distancias kilométricas con la ayuda de las fuerzas del viento, para llevar mensajes y semillas de vida.

Y en palabras melódicas de Catalina García, le diré a todas las mujeres del planeta:

“Hoy me levanté en otro lugar, siento ansiedad, la necesidad de saber quién soy, para no morir, para no olvidar que la vida es un pequeño soplo de libertad. Hoy seré canción, volaré detrás de las coplas del trovador del campo y de la ciudad, para no morir, para no olvidar que el dolor existe y con amor lo voy a curar”.

Y por último….

3. LA SUBIENDA

Uno de los momentos de mi niñez que recuerdo con mucho amor y emoción es cuando mi mamá y yo vivíamos en El Fresno, Tolima, y el fin de semana de domingo de ramos me llevaba al puerto de Honda, a orillas del Río grande de la Magdalena.

Todo para comprarle a los migrantes pescadores las sartas de nicuros, bagres y bocachicos y aperarnos de la dieta del ayuno de la Semana Santa.

En mi memoria se quedó grabada la danza coreografía de los pescadores subidos en sus canoas, con su acrobático equilibrio, tirando las monumentales atarrayas al ritmo del oleaje del río, que traía consigo las melodías musicales de las ciénagas caribeñas.

En este puerto, esas melodías se fusionaban con los ritmos alegres de la montaña con un solo objetivo, festejar la vida, la nueva vida, aquella que todos estos peces sorteaban.

Todo ello en su afán por ir de norte a sur y viceversa, a desfogar su amor a pesar de la odisea que tendrían que superar entre anzuelos, atarrayas, tejidos tramposos y hambrientos que los humanos aprovechaban para pescarlos y poder también vivir.

Imaginaba siempre el recorrido de aquellos peces y como si estuviera en una clase de geografía recorría los lugares y paisajes por los cuales ellos pasaban.

La histórica Mompox, la mojana recibiendo el poder del río Cauca en su desembocadura sobre el Magdalena, las fanegosas tierras arroceras, los palmares salvajes de la caña flecha, los cultivos del algodón en la sabana caribeña.

Y es este poder de vida y de agua el que me inspira a resaltarla y protegerla, en este tercer proceso creativo que verán nacer en el mes de octubre.

El mismo mes donde los peces de la subienda se guardan en las ciénagas esperando el paso del invierno y así retomar de nuevo su cortejo amoroso el siguiente inicio del verano.

Me inspira proteger la vida, la nueva vida que se nos avecina.

Quiero que todos los colombianos a través de mis diseños creamos en nuestro país, recordemos nuestro origen, nuestro pasado, nuestra herencia, lo propio, lo verdadero, lo real, quiero motivarlos a todos, para que nos ayudemos, nos protejamos y salgamos adelante.

Prometo cuidar el medio ambiente, hacer prendas con orgullo nacional, con conciencia y con cuidado de mi entorno.

Prometo crear mi nueva vida con respeto y lo mejor, acompañado de un equipo humano glorioso y poderoso protegido por la magistral y ancestral filosofía registrada en la artesanía nacional.

Así las cosas, sean todos bienvenidos a este nuevo andar.

Están todos invitados a construir conmigo la nueva vida, el nuevo país, el nuevo planeta.

Por favor ayúdenme a ver la vida con nuevos colores.

Hasta pronto.

Diego Guarnizo

Un país hecho a mano

post sobre artesania colombiana

“Valor y confianza ante el porvenir hayan los pueblos de la grandeza de su pasado. Contémplate en el espejo de esa grandeza, comprueba la unidad del destino humano. Pasan las civilizaciones pero en los hombres quedará siempre la gloria de que otros hombres hayan luchado para erigirlas”. 

Jaime Torres Bodet
Mexicano

Si eres de las personas que admira profundamente la artesanía y los artesanos colombianos, si crees profundamente en el origen de tu tierra y en la historia que se teje ancestralmente, entonces te invito a leer este post, en el que te hablaré acerca del amor y encanto de este oficio. 

Las comunidades indígenas colombianas han mantenido sus costumbres a pesar de los grandes obstáculos que han debido superar, a través de la artesanía han entregado el valor de su cultura generación tras generación y han registrado no solo sus sentimientos, amores y rutinas diarias, sino también la historia del país.

Sus manifestaciones se ven reflejadas en cada uno de sus tejidos, en cada pieza de barro, en la orfebrería, en los telares, en los bordados.

Es allí en cada uno de esos oficios donde el pueblo artesanal con sus manos colmadas de sabiduría ancestral dejan su inmortal legado, crear conciencia por el cuidado de los recursos naturales que nos ofrece la Madre Tierra, en pocas palabras, proteger la vida. 

A través de los años he tenido la oportunidad de investigar y conocer algunas comunidades indígenas que se encargan de hacer trabajos artesanales extraordinarios.

Recorrí cada rincón del país, descubrí un pueblo artesanal generoso, sabio y amoroso que me enseñó la importancia de amar e inspirarme en Colombia y que reflejo en cada uno de mis trabajos. 

En la colección Epifanía, la primera de muchas que vienen para la marca Diego Guarnizo, tuve el placer de trabajar y co-crear con un grupo artesanal sin igual, gracias a las enseñanzas maestras ancestrales de Segundo de Jesús Burbano de San Agustín – Huila, Liliana y María Nilsa Grueso de Timbiquí – Cauca, Judith Torres de la Sierra Nevada de Santa Marta, Teresa Jacanamijoy del Valle de Sibundoy – Putumayo, Patricia Hurtado de Silvia – Cauca y Joel Paima de Leticia – Amazonas, logramos unir nuestros saberes y trabajo al servicio de una nueva alianza entre la moda y la artesanía.

Creo firmemente en el apoyo incondicional hacia los productos de origen nacional, rescato los oficios de nuestros artesanos, las tradiciones, el origen y las raíces de mi tierra.

Creo que trabajando en equipo se logran resultados poderosos llenos de identidad, estoy plenamente seguro de que la generosidad, honestidad y el amor con que trabajamos unidos se genera una oportunidad especial para la industria de la moda colombiana.

Todo esto junto a la creatividad de los diseñadores, unida con el oficio de los artesanos, tenga resultados extraordinarios al co-crear prendas, colecciones llenas de un realismo mágico.

Mientras escribo este post recuerdo todas las ideas que he llevado a cabo de la mano de artesanos de todos los rincones del país.

Un grato recuerdo que me asalta fue uno de mis primeros aportes al Concurso Nacional de la Belleza, hace muchos años, donde logré que el diseño nacional junto a las manos artesanas fueran protagonistas con la creación del Desfile en traje Artesanal.

Gracias a Raimundo Angulo y al canal RCN que me oyeron y permitieron descubrir que Colombia es un país hecho a mano. 

Con cada traje artesanal que exhiben nuestras reinas en las pasarelas nacionales e internacionales, también va de la mano el trabajo de un artesano, un diseñador y dos oficios que se unen para crear piezas llenas de magia e inspiración. 

También recuerdo proyectos poderosos que he hecho de la mano de la artesanía nacional, a través de esta nueva forma de ver mi oficio.

SOY es uno de esos ejemplos, de la mano de la diseñadora María Luisa Ortiz hemos visibilizado al pueblo artesanal gracias a marcas colombianas como Éxito y Avon.

También recuerdo producciones de televisión como Laura la Santa, La Esclava Blanca, las Hermanitas Calle, Bolivar, la reina de indias y el conquistador, donde a través de mi trabajo como diseñador de producción, director de arte y diseñador de vestuario y gracias a la solidaridad del canal CARACOL, quedan registrados todos y cada uno de los oficios maestros ancestrales colombianos.

Estas historias seguirán vivas y mi compromiso con la industria artesanal será siempre rendir un homenaje, resaltar y visibilizar la industria artesanal colombiana en todos y cada uno de mis trabajos. 

Por todo esto quiero compartirte algunas de las piezas de la colección Epifanía, que acabo de presentar en el marco de B-Capital de Inexmoda, piezas llenas de amor e inspiración. 

Mini bolso 

El mini bolso, ha tomado mucha fuerza y resulta ser un accesorio indispensable para las mujeres, posee mucho estilo, es práctico para llevar aquellas cosas importantes que necesitas, como tu teléfono, documentos y cosas pequeñas que nunca faltan en el bolso de una mujer.

Cuando te enamores de los mini bolsos no podrás evitar llevarlos a todo lugar, su delicadeza y estilo permite ser combinado con un sinnúmero de prendas formales e informales. 

cartera artesania colombiana

Mini bolsos co-creados con María Nilsa y Liliana Grueso de Timbiquí Cauca. Tejidos en palma tetera y tinturados con colores naturales.

Pulsera Epifanía

Las pulseras son un accesorio complementario, decorativo y llamativo, hermosas para lucir diariamente con cualquier tipo de prenda que resalte su textura y color.

A la hora de lucir una pulsera deberías tener en cuenta que la blusa no le quite protagonismo a tu accesorio, ten en cuenta que las mangas tengan el largo perfecto para que no queden ocultas detrás de las telas.

pulsera artesanal colombiana

Pulseras co-creadas con María Nilsa y Liliana Grueso, tejidas en palma tetera en Timbiquí – Cauca.

Aretes

Los aretes son casi indispensables en el look de una mujer, de seguro tienes aretes largos, cortos, pequeños y de diferentes colores para combinar perfectamente con tu estilo.

Una recomendación para que tengas en cuenta a la hora de lucir este accesorio, la ropa que uses varía dependiendo de la forma, tamaño y colores de los aretes, si usas unos aretes grandes, de colores llamativos, asegúrate que tu peinado tenga un toque recogido, de esta forma le darás un toque glamuroso a tu look.

Para Epifanía creé unos aretes con los pescaditos dorados momposinos, unas piezas artesanales centenarias y representativas de Mompox un pueblo isleño del río Magdalena que por muchos años ha sido ejemplo por su magistral trabajo de filigrana con hilos de oro. 

aretes en oro en bogota

Aretes por Leticia Gutierrez y José Gutierrez. Mompox Bolivar. Técnica de estampado 
en lámina de oro. Co-creación con Mario Reina de Artesanías de Colombia, para Epifanía.

Las mochilas

Las mochilas son una de las piezas artesanales más representativa de Colombia, su significado tiene que ver con la vida, con el origen con el vientre.

Por lo general son realizadas por mujeres de comunidades indígenas, que las tejen con materiales propios de su tierra y en su tejido circular van dejando atados mensajes y sentimientos protectores. 

Honro todas las mochilas de mi país, con mi colección Epifanía quise rendirle un homenaje a las mochilas tejidas a dedo por la comunidad Nasa – Misak – Guambianos de Silvia Cauca, llamadas Jigras y que simbolizan la matriz de la mujer.

Para la comunidad guambiana, la Jigra es un símbolo de la fertilidad de la mujer.

Alrededor de ella se practica una gran cantidad de normas culturales que tienen que ver con la formación de la niña como mujer.

Se teje a dedo, sin aguja, porque cuando una nasa teje, está tejiendo su historia, su pensamiento. La cincha o la cuerda está relacionada con el cordón umbilical. 

Gracias a la creación de Epifanía y a la solidaridad de Enid Hurtado de la comunidad Misak y su alcahueteria al permitirme que mi sueño de tejer las jigras esta vez con una fibra de la selva amazónica llamada Cumare, logramos co-crear esta pieza empoderada por la fuerza guambiana y la sabiduría del amazonas. 

mochila artesanal colombiana

Mochilas tejidas a dedo en cumare. Co-creación con Enid hurtado de la Comunidad misak – guambiana de Silvia Cauca.

Los petos de chaquiras. 

El peto es una pieza innovadora llena de trabajo e historia, este accesorio lo puedes combinar con un outfit sobrio, para que la prenda llena de color, textura y diseño llame la atención y sea un complemento único.

Los petos son una muestra del trabajo de manos artesanas llenas de sabiduría ancestral, ellos muestran la esencia de nuestras raíces a partir de las figuras, texturas y colores de cada pieza que hacen. Los petos de EPIFANÍA están elaborados por la comunidad Kamentsá Del Valle de Sibundoy en Putumayo, te garantizo que están impregnados de un poder alentador, sanador e inspirador para la vida.

peto en chaquiras artesanal colombiana

De las manos de Teresa Jacanamejoy de Comunidad KÄMENTSÁ en el valle Sibunday-Putumayo.

Los accesorios artesanales son coloridos, llamativos y únicos, cada pieza es creada de una forma en la cual es casi imposible replicar.

Cuando llevas una pieza artesanal no solo llevas un accesorio, también llevas una historia, la historia de la persona que la creó, la historia de una comunidad, la historia de un país.

Cada una de estas piezas es hecha por artesanos que ponen su oficio y sus manos a tu servicio.

En cada detalle se refleja el trabajo y cariño que ponen a la hora de crear y comunicar sus saberes ancestrales. 

Las tradiciones y raíces de nuestro país siempre han sido mi inspiración, a través de este trabajo tengo la oportunidad de agradecer a cada una de las personas que hacen posible que nuestra cultura y costumbres no se pierdan. 

Amor y admiración por nuestra tierra, por los recursos naturales que nos permiten crear piezas inigualables, así mismo, gratitud infinita hacia los artesanos que nos abren las puertas de su mundo lleno de tradición e inspiración. 

Y yo comparto contigo el privilegio más grande que mi país me ha dado: las puertas abiertas del pueblo artesanal colombiano.

Hasta un próximo post.

Diego Guarnizo
Diseñador de moda colombiano

Noches sanjuaneras

Rosas silvestres en un amanecer sanjuanero


En mi niñez y en la noche antes de San Juan existía una tradición que consistía en dejar toda la noche y antes del amanecer sanjuanero pétalos de flores silvestres coloridas en una batea de madera, un totumo o una olla de barro con agua. Esa mañana al despertar nos bañábamos las manos y la cara con esa aromática y amanecida infusión que además era iluminada toda la noche por la luz de la luna. Me decían que era un regalo que la naturaleza nos daba para tener prosperidad, paz y alegría todo el año. Hoy creo que esas sabidurías ancestrales son ciertas y que nos hacen mas buenos mas humanos, y mas conscientes del mundo que tenemos.

Y todo coincide: por esas fechas es el solsticio de verano, el fin de la primavera, el día más largo del año y creo profundamente que es el mejor momento para atribuirle y darle a la tierra su merecido beneficio y agradecimiento.

hasta pronto,

Diego Guarnizo.

 

 

 

Del 2016 ¡Solo gracias!

Gracias por tantas enseñanzas, caminos nuevos, experiencias, derrotas y triunfos. Gracias por tanto amor recibido y compartido, gracias por dejarme tener viva la luz de la fe, el amor y la esperanza, gracias por darme la posibilidad de creer en todo lo que me rodea, en el amor, en mi país, en mis amigos, en mi trabajo. Creí en la Paz y su aleteo llegó y me enseñó que la reconciliación y la integración son valores que deben estar presentes en cada uno de mis actos. El 2016 me regaló fuerzas para construir cimientos fuertes en los procesos creativos bajo la bandera de la honestidad, la generosidad y el compromiso.

Aprendí de cada corazón que oí el tesón de sus latidos para superar obstáculos y para gritar emociones sin pudor y comprobé que mirando al vecino, sonriendo al extraño, escuchando al amigo, besando al amor y abrazando a la vida, el camino se vuelve fácil y bien llevadero.

Aplaudo cada minuto de cada día del 2016 porque cada minuto me ha entregado la energía para crear, creer y crecer el nuevo y feliz nuevo año que arranca.

Los invito a darle valor al origen y recibir de el todo lo bueno y lo malo también, pues es ahí donde aprendemos a construir y vivir un presente formidable, apasionado y creativo. Con esas premisas todo lo que nos rodea se contagia y nuestra vida nos sonríe.

A vivir.

Hasta pronto. 

Mis montañas son cuadradas. 

El origen

Desde muy pequeño aprendí a ver un mundo diferente. Seguramente por que soy daltónico y en mi niñez no lo sabia o seguramente por que mi condición de hijo mayor, primer nieto y primer sobrino en mi familia materna me hacía sentir especial y único. Crecer disfrutando mis vacaciones escolares en el seno de mi abuela Alcira, en Ortega, un pueblo al sur del Tolima que tiene de vecino a los indígenas de Coyaima, que está bañado por los ríos cucuana y Ortega y que está enmarcado por unas montañas cuadradas llamadas abechucos, me dió el privilegio de poder despertar todos mis sentidos adorando lo que me rodeaba.

 Tengo en mi memoria las eternas caminatas al bosque de las ceibas en la Vega, así se llamaba el barrio de la abuela, con la tía Teresa, donde recogíamos cientos de cuescos (fruto de la palma que al caerse al piso, los marranos se comían y luego de su digestión y en su boñiga secada por el sol, dejaban la almendra protegida por un caparazón tan duro como el de un coco). La tía Teresa en su torpe caminar, a causa de una poliomielitis que sufrió de niña y que los abuelos por ignorancia o por falta de recursos o por falta de médicos que ni si quiera llegaban al pueblo, no pudieron controlar, me llevaba a ese bosque de gigantes ceibas y recolectábamos nuestra cosecha anual de cuescos que mas tarde sentados en la cuja destapábamos a punta de piedra y comíamos sin cesar.

Recuerdo también las madrugadas de domingo cuando el abuelo salía al matadero a sacrificar sus vacas, para que luego con ayuda de la abuela vendieran en el pabellón la mejor carne de res de la plaza de mercado. En esas madrugadas la abuela Alcira hacia las arepas de maíz blanco, asadas en leña y dejaba en remojo el arroz para la comida.

Yo esperaba ansiosamente la llegada de los abuelos del pabellón junto a la tía Teresa, que a veces la atacaban unos dolores de cabeza insoportables y que solo se curaban amarrándosela fuertemente con un trapo mojado. Esperábamos a que la abuela llegara y empezara uno de los rituales mas maravillosos que he visto: el arroz remojado desde la madrugada lo ponía en una olla de barro a fuego bajo en la estufa de leña y empezaba a aromatizar este potaje con hojas y azahares del naranjo agrio del patio trasero, ella cocinaba lentamente este manjar que empezaba a invadir de un olor exquisito toda la casa. Cuando este inolvidable olor llegaba, era la hora de arrimarnos a la cocina y de sus propias manos recibir en un totumo la porción del «peto» (que quedaba con la textura del risotto), acompañado de la mas suave carne que era escogida por el abuelo en su oficio y que se secaba y ahumaba desde el domingo anterior encima de la dichosa estufa de leña. Luego pasábamos a sentarnos todos unidos en las banquetas del anden de la casa a saborear este ritual y ver caer el sol detrás de mis verdes, azules, moradas o castañas montañas cuadradas.

Con la tía Teresa comíamos rápido muy rápido porque luego nos esperaba ir a la misa obligada y luego cumplir con una cita nocturna: el concierto de las chicharras en el bosque de las ceibas, que oíamos extasiados hasta que dejaran de chillar pues esa era la señal para dar inicio al juego de la búsqueda de chicharras secas y así nosotros rendirles un tributo a su sacrificada melodía.

No olvido tampoco las caminatas largas para llegar al río acompañando a la abuela a lavar la ropa de su docena de hijos, y en ese largo caminar detenernos para bajar de los palos de anón su fruto y refrescarnos con su sabor. Al llegar a la orilla del río la abuela buscaba la sombra de un ciruelo y mientras ella castigaba con palo y con jabón como exorcizando los pecados de la ropa o de sus hijos, yo me dedicaba a comer y comer ciruelas verdes bajo la custodia y protección de los abechucos.

Algunas veces me llevaban al pabellón de la plaza de mercado y recorría todos los puestos donde los campesinos y los indígenas traían sus cosechas y productos a vender, y fue allí donde descubrí el sabor de los bizcochos blanqueados, de los dulces de arroz, de las achiras, del quesillo, del espejuelo, de los envueltos de plátano, del insulso, de las arepas oreja’eperro, de los masaticos, de la avena, de los mantecos, de los bizcochuelos, de la chicha y de la guama. En el pabellón aprendí a sentir la textura de la estera hecha con palma real, la nobleza de la cabuya y la caña en las mochilas y canastos, la suavidad de las tinajas hechas con barro horneado, la carrasposa piel del estropajo (que en los baños diarios me martirizaba), el sensible plumaje de los piscos y de los coloridos pájaros que los indígenas coyaimunos, un pueblo de los bravíos indios pijaos, traían también al mercado y que con su nobleza y generosidad y en su indescifrable dialecto lograban vender.

Al final de las vacaciones y cuando mi mamá llegaba a recogerme y llevarme a casa, y en la procesión que desde la casa de la abuela hasta el atrio de la iglesia donde nos esperaba un transporte para volver a la realidad, sentía que de su mano pasaba a la mía un legado de tradición, costumbres, valores y amores que ella también había recibido y que yo con ese agarrón de mano heredaba. Mientras a los gritos ella se despedía de su tío Enrique, de Carmen y de las gemelas de la esquina, yo me despedía también con la nostalgia y la promesa de volver al espíritu mágico de los abechucos, los únicos que dan fe de que mis montañas son cuadradas.
Hasta pronto.
Diego Guarnizo.

Escribir, contar, compartir

En deuda estaba de escribir un texto que diera inicio a esta nuestra prometida comunicación, y se me cruzan millones y millones de historias e ideas para compartirles.

Quiero hablarles de mi oficio, de cómo me sumerjo en la historia de Colombia de 1800 en dos de mis recientes trabajos de dirección de arte para televisión: Laura la Santa y La Plantación. Pero también quiero contarles del amor que mis sastres  y modistas dejan en cada una de las puntadas cuando confeccionan los vestidos, de cuántas puntillas clavan mis escenógrafos y carpinteros en cada uno de los espacios que tan efímeros llenan de realidad y contarles de las madrugadas y trasnochadas llenas de sacrificios emotivos e inspiradores que mis ambientadores, utileros, vestuaristas y maquilladores día a día y con ilusión entregan en su trabajo y no sé por donde empezar.

Porque también quiero contarles acerca de mis viajes por todo el país investigando y conociendo sus costumbres, tradiciones y características, contarles que mis montañas tolimenses son cuadradas, que el aroma de la flor del naranjo agrio me recuerda mi niñez, que los cangrejos negros de Providencia me hablan y seducen cuando bajan a la playa a desovarse, que el cóndor en el nevado del Ruíz es mas grande de como lo imaginamos, que los atardeceres en la Guajira son eternos, que los cantos de las ballenas en Gorgona son mas sonoros cuando les hago coro, que el paraíso existe en caño cristales el río de los mil colores y que viéndolo dejé de ser daltónico o me volví más daltónico aún, contarles lo que se siente cuando se ve pasar un silletero en la Feria de las Flores en Medellín, o cómo se baila un sanjuanero en las fiestas de San Pedro en Neiva, o cómo es la energía de un bunde en las fiestas de San Pacho en Quibdó, o qué dicen las guacamayas cuando vuelan en manada por las copas de los árboles en la selva de Leticia, o a qué sabe el friche, el cayeye y la achira.

Tanto por contar, tanto por compartir.

Quiero contarles sobre todo lo que aprendo al lado de los artesanos de Colombia, cómo aprendí a hacer el Amor Dormido con Carmen Chíquiza en Nemocón, qué decía Medardo de Jesús en sus tejidos de caña flecha puestos en sus sombreros vueltiaos en Tuchín, contarles como Astrid tiñe la losa negra con boñiga de vaca en La Chamba, contarles que existe el calor del trópico en Boyacá con los tejidos de rollo de guacamaya, que al sur del Cesár en Chimichagua se tejen las esteras más bellas gracias a sus ciénagas que producen la materia prima para su fabricación, quiero que sepan que la filigrana no es solo de Mompox con el oro del Magdalena sino que en Santa Fe de Antioquia también se teje con el oro que les da el Cauca, que los presos de la cárcel de Cartago aprendieron a bordar en hilo la puntada de pata’e cabra, compartir con ustedes el  gran corazón de Conchita Iguaran que vive en Uribia tejiendo barrigas de mochilas guajiras. Contarles qué es la damagua, qué es el tamo, qué es el wérregue qué es una maceta valluna, que es el peto, contarles sobre la diferencia que hay entre la palma real, la caña brava, el pindo, la iraca y la palma toquilla.

Quiero Escribir sobre los tejidos en calceta de plátano en el estrecho del magdalena, y sobre las colchas de retazos de Jardin y Marsella, quiero que sepan dónde queda Unguía, Fresno, Villarica, Ortega, , La Plata, Usiacurí, Coyaima, Cumaribo, Filadelfia, Tenza, Sandoná y Curití.

Escribir de mis logros, de mis fracasos, de mis alegrías y mis tristezas, de mis viajes, de mis noches estrelladas y mis cielos grises, de mi familia, de mis  pocos pero grandes amigos, del amor de mi vida.

Como se dan cuenta tengo mucho por contar y espero pronto saber por dónde empezar, pero una cosa si sé, la vida misma me ha enseñado que todo lo vivido se debe compartir y por eso lo voy a escribir.

Hasta pronto.

Diego Guarnizo