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Mi amor por el Valle de Sibundoy

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Colombia tiene una riqueza cultural y artesanal única, he tenido la oportunidad de recorrer gran parte de nuestro territorio descubriendo esta riqueza, sin embargo, estaba en deuda con mi país y me faltaba conocer y recorrer el Valle de Sibundoy en el Putumayo.

De esta forma, un día emprendí camino sin tener idea a lo que me iba a encontrar y lo que aprendería en esta hermosa tierra. 

Hace unos años, en el mes de agosto y gracias a la invitación que Artesanías de Colombia me hizo a través de su programa Moda Viva, tuve la oportunidad de viajar y conocer al Valle de Sibundoy en el departamento del Putumayo. 

Empecé este viaje en un recorrido aéreo desde Bogotá hasta la ciudad de Pasto capital del departamento de Nariño, al sur del país. 

Aterrizar en Pasto es una hazaña para verdaderos héroes. 

Admiro a los pilotos de los aviones que cubren esta ruta, ellos se enfrentan al poder montañoso del macizo colombiano, allí en ese nudo donde se desprenden las tres cordilleras montañosas que recorren el país, allí donde nace el río Magdalena, el más grande representante hidrográfico colombiano.

Allí donde se inmortaliza el poder ancestral y mágico con el poderoso volcán Galeras. 

Luego de entender este forzado aterrizaje, que traduzco como un llamado de la naturaleza para alertarme del poder de la tierra y el cuidado que debo tener con ella. 

Piso por fin tierra Nariñense. 

En el departamento de Nariño encontramos las técnicas artesanales más ancestrales y poderosas del país.

Teresa Jacamanejoy, Diego Guarnizo y Eysen Jacamanejoy.

De resaltar la técnica del mopa mopa que es la base del famoso barniz de Pasto, esta técnica fue declarada recientemente como patrimonio inmaterial de la humanidad, por la UNESCO y la técnica del enchape en tamo.

Pasando también por la maestría artesanal de Sandoná, con los tejidos en palma toquilla, para así entender que este pueblo pastuso es paciente, delicado, poderoso, aguerrido y amoroso. 

Cualidades e historias que quedan plasmadas en cada pieza artesanal que producen. 

Hay 2 horas y media de viaje desde el aeropuerto Antonio Nariño de la ciudad de Pasto hasta mi destino final, el valle de Sibundoy.

Termina siendo poco tiempo para admirar un paisaje sin igual que incluye la Laguna de la Cocha, la cual me da la bienvenida de este recorrido que a través del Páramo del Bordoncillo, así atravieso el macizo colombiano. 

Frailejones del Páramo de Bordoncillo.
Frailejones del Páramo de Bordoncillo.

Por una carretera pequeña pero bien cuidada, mi mente viaja en medio de un paisaje inspirador lleno de una vegetación exuberante que además despierta los sentidos. 

Llega un momento en el que el sonido del motor del carro se silencia para permitir oír el canto de los pájaros, la brisa del páramo.

A lo lejos escucho el rugido de un jaguar, seguramente esto es producto de mi inquieta imaginación que hace que lo oiga, además porque a lo largo del recorrido son muchos los avisos que alertan transitar con cuidado, ya que por la vía se pueden ver muchos de estos felinos merodeando. 

Ese recorrido es mágico, biodiverso, colorido y sensorial. 

Cuando entramos al corazón del Páramo de Bordoncillo, los gigantes frailejones llenos de historia y poder protegen a los mas pequeños, de esta forma todos cuidan y purifican el agua que producen.

Ellos son un manantial de vida que se viste de alegría con sus flores amarillas y hojas plateadas. 

Corona del Perdón usada por la comunidad Kamëntzá para celebrar el Día Grande.
Corona del Perdón usada por la comunidad Kamëntzá para celebrar el Día Grande.

Cada vez que tengas oportunidad de ver un frailejón date unos minutos para escucharlo.

Su vida centenaria está llena de mensajes de protección y vida, con seguridad esos minutos de comunicación te volverán embajador y consciente del cuidado de nuestro planeta. 

Finalmente llegué al valle de Sibundoy en el Putumayo, un territorio que reúne dos comunidades indígenas ancestrales, los Kamëntzá que en su dialecto significa “hombres de aquí” y los Inga que se traduce como “allegados”. 

El valle de Sibundoy está conformado a su vez por los municipios de Santiago, Colón, Sibundoy y San Francisco. 

Allí, al sur del Valle y como otra alerta de la tierra, está el volcán de Patascoy, tal cual como su hermano pastuso, el volcán Galeras, se presenta como custodio de la zona y me recuerda el respeto que le debo a esta región, que me recibe con su majestuosidad. 

Cinturón tejido en chaquiras con chumbes Kamëntzá.
Cinturón tejido en chaquiras con chumbes Kamëntzá usado por Catalina García en los premios Grammy 2019.

La comunidad Kamëntzá me abrió sus brazos y fueron ellos mis anfitriones y los encargados de enseñarme el valor de su cultura.

Su generosidad no tiene límites. 

La asociación artesanal Curarte, tuvo la paciencia y generosidad de enseñarme la forma de abrir mis sentidos y así poder recibir un mensaje lleno de palabras y pensamientos bonitos.

La primera palabra que aprendí en su lengua nativa fue ‘PAI’, la cual significa ‘Gracias’. 

Los Kamëntzá son familiares, hogareños y ese sentimiento está reflejado en los símbolos que registran de forma extraordinaria en sus artesanías. 

Su música es espiritual, calmante e inspiradora. 

Aprendí que su esencia cultural está conectada con la naturaleza, especialmente con la planta sagrada del yagé.

El yagé es una planta que representa para ellos el conocimiento, la conexión con los espíritus y la sanación. 

La madre tierra le entrega a la humanidad un espíritu que la protege, es por eso que la comunidad la honra y venera.

La tierra nos alimenta, nos da techo, agua y nos brinda vida. 

Chumbes sobre sayo de la comunidad Kamëntzá.
Chumbes sobre sayo de la comunidad Kamëntzá.

Los valores espirituales son vitales en el diario vivir, tanto así que, año tras año, el lunes antes del miércoles de ceniza las comunidades Kamëntzá e Inga se reúnen en el carnaval del perdón y celebran el nuevo año en el Bëtsknaté.

Ese día, el día grande, el agradecimiento, el perdón y la reconciliación son los valores que se enaltecen para que los practiquemos en nuestro diario vivir. 

Lo más bello de esta historia es que los Kamëntzá dejan registrados sus pensamientos bonitos en la artesanía que hacen, fuente importante en la economía de esta comunidad. 

Los tejidos en telar vertical con algodón y chaquiras, las tallas de madera, los enchapes en chaquira son testigos inmortales y eternos de esos pensamientos. 

Cada pieza artesanal kamëntzá se conecta contigo, por que es la representación de tu propia tierra, el legado de tus ancestros. 

Y fue allí donde tuve mi encuentro simbólico con un jaguar, en sus piezas artesanales me encuentro con las manchas de su piel, con sus huellas, con su cara, en los tejidos de chaquiras, en los tejidos verticales con algodón y en las tallas de madera enchapadas.

A través de la artesanía del valle de Sibundoy aprendí que la jaguara es la madre de todos, ella regula el equilibrio de la vida.

Vive en el corazón del mundo, entre la paz y la guerra.

La jaguara es el centro del pensamiento.

Ella nos enseña a ver una nueva forma de habitar el planeta y recupera nuestro corazón si lo tenemos roto.

Nuestras tradiciones han sobrevivido a todo tipo de cambios, nuestro deber es cuidar de ellas, con la misma valentía que el pueblo Kamëntzá lo ha hecho. 

Los materiales con los que el pueblo Kamëntzá crea sus artesanías, todo ellos nacen de la tierra.

Es por ello que, si tienes contigo una pieza artesanal hecha por ellos, los espíritus de la naturaleza estarán conectados contigo en cada momento.

Entreguemos el valor que se merece a cada pieza artesanal.

De esta forma, al finalizar el día, llegó el momento de la despedida, con la promesa de volver, lleno de pensamientos bonitos e inspirado con la historia de La Jaguara, que me conecta además con lo aprendido en el mágico pensamiento de Chiribiquete. 

Teresa Jacamanejoy me abraza y con ese abrazo sella en mi espíritu el poder y la sabiduría de un pueblo aferrado a sus tradiciones y su origen. 

Regreso a casa con mi corazón limpio, fue ese el momento mágico en el cual comenzó a nacer La Jaguara, una colección que tuve la oportunidad de crear de la mano de estos artesanos llenos de sabiduría y amor por nuestras raíces.

Pai valle de Sibundoy.

Pai pueblo Kamëntzá.

Pai Teresa.

Bienvenida La Jaguara.

Pai. 

Hasta pronto.

Diego Gaurnizo

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