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Un amanecer lleno de esperanza

No puedo negar que en estas épocas pandémicas, la desesperanza, la tristeza y la pérdida de norte me han invadido.

Además el admitir que la vulnerabilidad de mi vida es tan grande, tan frágil y tan efímera, entendiendo que en tan solo un segundo todo puede acabarse, morirse, destruirse sin importar género, edad, raza, sentimiento, sin importar humanidad.

Una lección que ahora, a la fuerza, debemos recibir y aprender.

Y cómo ha dolido ésta enseñanza.

Algunas veces solía decir que la vida me había dado lecciones duras con caídas dolorosas, tan parecidas a esas heridas en las rodillas cuando caemos en caminos de piedras pequeñas, talladoras y sangrientas.

Al levantarme lloroso y continuar el andar inseguro, estas heridas me recordaban el poder que tenía y me daban la fuerza para seguir adelante, a través de los valores y las metas que me habían enseñado y que yo mismo me había propuesto.

Pero nada comparable a esta nueva reinvención obligada por el confinamiento, el encierro y el cuidado extremo que me responsabiliza no solo a mi propio cuidado sino al cuidado de los que me rodean.

Esas personas que adoro con el alma, a mi familia, a mi origen, a la protección del vecino, del barrio, de la ciudad, de la vida en todas sus manifestaciones.

Concluyo que todos vivimos vidas en mundos diferentes, que el egoísmo nos invade y que la tranquilidad solo la podremos encontrar si todos vivimos en un solo mundo.

Un nuevo mundo, ese mundo creado por todos en equipo, consientes, generosos y valerosos.

Y en este punto es donde empieza mi proceso de diseño, mi aporte a la creación del nuevo mundo, ese que la vida nos permite reconsiderar habiendo aprendido la lección de la conciencia.

Recurro a mis mejores recuerdos, a las manos solidarias, a mi origen y allí encuentro respuestas, alegrías, risas, historias, aromas, amores, paisajes, colores, amigos, viajes, abrazos que superan cualquier pandemia.

Eso se llama historia y es por ello que he creado tres momentos que inspirarán mi camino creativo este año, los cuales quiero compartir contigo, así que acompáñame.

1. TODOS LOS MUNDOS EN UN MUNDO

La Epifanía de mis creaciones nació en el 2019 y en esa realidad terminé parado frente a la revelación infinita en la serranía de Chiribiquete, en el corazón de la Amazonía colombiana.

La maloka de los hombres jaguar me ha hecho entender que mis procesos creativos tienen un contenido que sale de la razón y el corazón al tiempo.

Un análisis difícil de entender, un sentimiento que solo se asimila cuando vemos con claridad el mensaje de que nuestro pensamiento, así como nuestro cuerpo es heredado, trasciende del universo, del ancestro, de nuestros antepasados.

Las más de 200.000 pictografías rupestres que fueron descubiertas por el antropólogo y arqueólogo colombiano Carlos Castaño Uribe en 1986 nos revelan, nos hablan y dicho en las palabras de Carlos, para mejor comprensión:

“Quizás sea este el momento para clamar también por nuestra historia, por nuestro centro de origen, por nuestra identidad desvirtuada, por la ancestralidad, por los sitios sagrados violentados, por los significados y las respuestas no construidas.

Y quizás, en medio de todo, sea el propio Chiribiquete, como centro de pensamiento espiritual, el que nos pueda iluminar a encontrar nuestra nueva maloka.

Él mismo clamará por una decidida protección de su entorno, y sobre todo, de nosotros”.

Oportuna reflexión para dar paso a la continuidad inspiradora de mi oficio, una colección que plasma cada uno de estos sentimientos.

Reunir todos los mundos en un mundo, todas las culturas, las artesanías colombianas, las manos maestras, las canciones, los amores y los pensamientos de comunidades tan poderosas como la Kamentsa en el Putumayo, los Misak de Silvia Cauca, los Wayuu de Uribia Guajira, la nobleza de los pueblos artesanales de Guacamayas y Tenza en Boyacá, de la Chamba en Guamo-Tolima, de Cartago en el Valle y las manos desplazadas de sus tierras asentadas en Bogotá.

Todos unidos honraremos y miraremos hacia la serranía de Chiribiquete en el Guaviare exaltando su legado y propagándolo en todas las formas y pensamientos, ahora en nuestro nuevo renacer.

2. LIBERTAD

Hace un largo tiempo conocí a Catalina García, la famosa Madame Periné cantante del grupo musical colombiano Monsieur Periné y desde el primer momento que la vi y mucho antes cuando por primera vez la oí, entendí el poderoso valor que ella tiene.

Catalina, con sus letras, con su música, con sus canciones, con su belleza, está empeñada en cambiar y proteger el mundo, antes que cantante es antropóloga.

Todo ello hizo que cuando nos viéramos por primera vez, en un pacto íntimo y muy personal nos juráramos amor eterno.

Ese amor que trasciende épocas, que traspasa pensamientos heredados ancestrales, que cuando los compartimos resaltan la vida.

Comulgo con ella todas sus acciones, yo le alcahueteo todas sus acertadas ideas tanto y más como lo hace ella con las mías.

Construimos sin pretender, sin darnos cuenta.

Catalina me inspiró para crear la primera colección que diseñé a nombre propio, Epifanía, fue ella quien me acompañó en ese viaje creativo que terminó al frente de la sierra de Chiribiquete.

Allí ella alzó vuelo con sus alas de papagayo las cuales ha anidado en todos sus conciertos, la famosa manta ha recorrido el planeta consigo y en cada uno de sus discursos de libertad ella abre sus alas para empoderar a todas las mujeres que la escuchan.

La Madame sabe que tiene poder, ese poder que solo la libertad le enseña, tiene protección, esa protección que la artesanía y las manos de las mujeres indígenas le ofrecen con todo lo que le diseño, ella lo luce y enaltece.

Fue así que quise también inspirarme en Catalina, para diseñar ¡Libertad! Y volver a alzar vuelo, a un mundo paralelo, a un mundo básico y simple.

Esta vez en compañía de su espíritu femenino junto a millones de golondrinas que llevarán un mensaje a las mujeres para concientizarlas de que por nada en el mundo pueden permitir ser violentadas.

A pesar de la vulnerabilidad generada en estos momentos de confinamiento a causa de la cuarentena obligada por la pandemia, la violencia de género no puede ser permitida bajo ninguna circunstancia.

Cada golondrina dejará una pluma en cada uno de su corazones para recordarles a todas ellas el valor que tienen y la libertad que se merecen.

Y por si fuera poco, las golondrinas tienen un ejército de montañas llenas de dientes de león, las flores sanadoras que a pesar de que muchos las consideran maleza, se encargan de salvar, recorrer distancias kilométricas con la ayuda de las fuerzas del viento, para llevar mensajes y semillas de vida.

Y en palabras melódicas de Catalina García, le diré a todas las mujeres del planeta:

“Hoy me levanté en otro lugar, siento ansiedad, la necesidad de saber quién soy, para no morir, para no olvidar que la vida es un pequeño soplo de libertad. Hoy seré canción, volaré detrás de las coplas del trovador del campo y de la ciudad, para no morir, para no olvidar que el dolor existe y con amor lo voy a curar”.

Y por último….

3. LA SUBIENDA

Uno de los momentos de mi niñez que recuerdo con mucho amor y emoción es cuando mi mamá y yo vivíamos en El Fresno, Tolima, y el fin de semana de domingo de ramos me llevaba al puerto de Honda, a orillas del Río grande de la Magdalena.

Todo para comprarle a los migrantes pescadores las sartas de nicuros, bagres y bocachicos y aperarnos de la dieta del ayuno de la Semana Santa.

En mi memoria se quedó grabada la danza coreografía de los pescadores subidos en sus canoas, con su acrobático equilibrio, tirando las monumentales atarrayas al ritmo del oleaje del río, que traía consigo las melodías musicales de las ciénagas caribeñas.

En este puerto, esas melodías se fusionaban con los ritmos alegres de la montaña con un solo objetivo, festejar la vida, la nueva vida, aquella que todos estos peces sorteaban.

Todo ello en su afán por ir de norte a sur y viceversa, a desfogar su amor a pesar de la odisea que tendrían que superar entre anzuelos, atarrayas, tejidos tramposos y hambrientos que los humanos aprovechaban para pescarlos y poder también vivir.

Imaginaba siempre el recorrido de aquellos peces y como si estuviera en una clase de geografía recorría los lugares y paisajes por los cuales ellos pasaban.

La histórica Mompox, la mojana recibiendo el poder del río Cauca en su desembocadura sobre el Magdalena, las fanegosas tierras arroceras, los palmares salvajes de la caña flecha, los cultivos del algodón en la sabana caribeña.

Y es este poder de vida y de agua el que me inspira a resaltarla y protegerla, en este tercer proceso creativo que verán nacer en el mes de octubre.

El mismo mes donde los peces de la subienda se guardan en las ciénagas esperando el paso del invierno y así retomar de nuevo su cortejo amoroso el siguiente inicio del verano.

Me inspira proteger la vida, la nueva vida que se nos avecina.

Quiero que todos los colombianos a través de mis diseños creamos en nuestro país, recordemos nuestro origen, nuestro pasado, nuestra herencia, lo propio, lo verdadero, lo real, quiero motivarlos a todos, para que nos ayudemos, nos protejamos y salgamos adelante.

Prometo cuidar el medio ambiente, hacer prendas con orgullo nacional, con conciencia y con cuidado de mi entorno.

Prometo crear mi nueva vida con respeto y lo mejor, acompañado de un equipo humano glorioso y poderoso protegido por la magistral y ancestral filosofía registrada en la artesanía nacional.

Así las cosas, sean todos bienvenidos a este nuevo andar.

Están todos invitados a construir conmigo la nueva vida, el nuevo país, el nuevo planeta.

Por favor ayúdenme a ver la vida con nuevos colores.

Hasta pronto.

Diego Guarnizo

8 comentarios en “Un amanecer lleno de esperanza”

  1. Como resalta Chimamanda Ngochi Adichie nos tenemos que proteger del peligro de “la historia única” y darle rienda suelta a todas las historias posibles, las que escribimos entre todos. Qué valioso, Diego, que te sumes a incorporar más y más relatos desde esa óptica que describes en tus tres puntos. “La subienda” evoca y nos convoca. Abrazos, rocio

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