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Escribir, contar, compartir

En deuda estaba de escribir un texto que diera inicio a esta nuestra prometida comunicación, y se me cruzan millones y millones de historias e ideas para compartirles.

Quiero hablarles de mi oficio, de cómo me sumerjo en la historia de Colombia de 1800 en dos de mis recientes trabajos de dirección de arte para televisión: Laura la Santa y La Plantación. Pero también quiero contarles del amor que mis sastres  y modistas dejan en cada una de las puntadas cuando confeccionan los vestidos, de cuántas puntillas clavan mis escenógrafos y carpinteros en cada uno de los espacios que tan efímeros llenan de realidad y contarles de las madrugadas y trasnochadas llenas de sacrificios emotivos e inspiradores que mis ambientadores, utileros, vestuaristas y maquilladores día a día y con ilusión entregan en su trabajo y no sé por donde empezar.

Porque también quiero contarles acerca de mis viajes por todo el país investigando y conociendo sus costumbres, tradiciones y características, contarles que mis montañas tolimenses son cuadradas, que el aroma de la flor del naranjo agrio me recuerda mi niñez, que los cangrejos negros de Providencia me hablan y seducen cuando bajan a la playa a desovarse, que el cóndor en el nevado del Ruíz es mas grande de como lo imaginamos, que los atardeceres en la Guajira son eternos, que los cantos de las ballenas en Gorgona son mas sonoros cuando les hago coro, que el paraíso existe en caño cristales el río de los mil colores y que viéndolo dejé de ser daltónico o me volví más daltónico aún, contarles lo que se siente cuando se ve pasar un silletero en la Feria de las Flores en Medellín, o cómo se baila un sanjuanero en las fiestas de San Pedro en Neiva, o cómo es la energía de un bunde en las fiestas de San Pacho en Quibdó, o qué dicen las guacamayas cuando vuelan en manada por las copas de los árboles en la selva de Leticia, o a qué sabe el friche, el cayeye y la achira.

Tanto por contar, tanto por compartir.

Quiero contarles sobre todo lo que aprendo al lado de los artesanos de Colombia, cómo aprendí a hacer el Amor Dormido con Carmen Chíquiza en Nemocón, qué decía Medardo de Jesús en sus tejidos de caña flecha puestos en sus sombreros vueltiaos en Tuchín, contarles como Astrid tiñe la losa negra con boñiga de vaca en La Chamba, contarles que existe el calor del trópico en Boyacá con los tejidos de rollo de guacamaya, que al sur del Cesár en Chimichagua se tejen las esteras más bellas gracias a sus ciénagas que producen la materia prima para su fabricación, quiero que sepan que la filigrana no es solo de Mompox con el oro del Magdalena sino que en Santa Fe de Antioquia también se teje con el oro que les da el Cauca, que los presos de la cárcel de Cartago aprendieron a bordar en hilo la puntada de pata’e cabra, compartir con ustedes el  gran corazón de Conchita Iguaran que vive en Uribia tejiendo barrigas de mochilas guajiras. Contarles qué es la damagua, qué es el tamo, qué es el wérregue qué es una maceta valluna, que es el peto, contarles sobre la diferencia que hay entre la palma real, la caña brava, el pindo, la iraca y la palma toquilla.

Quiero Escribir sobre los tejidos en calceta de plátano en el estrecho del magdalena, y sobre las colchas de retazos de Jardin y Marsella, quiero que sepan dónde queda Unguía, Fresno, Villarica, Ortega, , La Plata, Usiacurí, Coyaima, Cumaribo, Filadelfia, Tenza, Sandoná y Curití.

Escribir de mis logros, de mis fracasos, de mis alegrías y mis tristezas, de mis viajes, de mis noches estrelladas y mis cielos grises, de mi familia, de mis  pocos pero grandes amigos, del amor de mi vida.

Como se dan cuenta tengo mucho por contar y espero pronto saber por dónde empezar, pero una cosa si sé, la vida misma me ha enseñado que todo lo vivido se debe compartir y por eso lo voy a escribir.

Hasta pronto.

Diego Guarnizo

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